domingo, 14 de diciembre de 2014




¿Qué dices de ti mismo?
«Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad». Estas palabras de Saint-Exupery expresan de forma magistral lo que estamos celebrando este tercer domingo de Adviento, domingo Gaudete (alegraos, regocijaos), domingo de alegría y gozo. Nuestro corazón empieza a ponerse contento ante la inminente venida de Jesús esta Navidad.
El evangelio de este domingo, en clave joánica, nos sitúa de nuevo ante la figura de Juan Bautista. Junto a él, entran en escena unos personajes que, a lo largo del relato evangélico, serán adversarios de Jesús: sacerdotes, levitas y fariseos. Estos le hacen dos preguntas a Juan: ¿Quién eres tú? ¿Qué dices de ti mismo? A la primera, el Bautista va a ir respondiendo mediante negativas: «No soy el Cristo, no soy Elías, no soy el profeta»; a la segunda, invitando a sus interlocutores a mirar lo que realiza: «yo soy voz del que clama en el desierto», «yo bautizo con agua». Al igual que Juan, nosotros y nosotras también nos vemos interpelados por esas cuestiones. Responder a ellas será una buena tarea para preparar el camino al Señor, que ya se acerca. Sólo desde mi identidad, con mis luces y mis sombras, puedo abrirme al Señor de la Vida que ya casi está llegando a la mía. Cuanto más avance la hora, más felices nos sentiremos.

Mariela Martínez

Religiosa dominica, doctora en Teología

DiócesisComentario al Evangelio

Comentario al Evangelio Domingo III de Aviento

Publicado: 12/12/2014: 93
¿Qué dices de ti mismo?
«Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad». Estas palabras de Saint-Exupery expresan de forma magistral lo que estamos celebrando este tercer domingo de Adviento, domingo Gaudete (alegraos, regocijaos), domingo de alegría y gozo. Nuestro corazón empieza a ponerse contento ante la inminente venida de Jesús esta Navidad.
El evangelio de este domingo, en clave joánica, nos sitúa de nuevo ante la figura de Juan Bautista. Junto a él, entran en escena unos personajes que, a lo largo del relato evangélico, serán adversarios de Jesús: sacerdotes, levitas y fariseos. Estos le hacen dos preguntas a Juan: ¿Quién eres tú? ¿Qué dices de ti mismo? A la primera, el Bautista va a ir respondiendo mediante negativas: «No soy el Cristo, no soy Elías, no soy el profeta»; a la segunda, invitando a sus interlocutores a mirar lo que realiza: «yo soy voz del que clama en el desierto», «yo bautizo con agua». Al igual que Juan, nosotros y nosotras también nos vemos interpelados por esas cuestiones. Responder a ellas será una buena tarea para preparar el camino al Señor, que ya se acerca. Sólo desde mi identidad, con mis luces y mis sombras, puedo abrirme al Señor de la Vida que ya casi está llegando a la mía. Cuanto más avance la hora, más felices nos sentiremos.
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¿Qué dices de ti mismo?
«Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad». Estas palabras de Saint-Exupery expresan de forma magistral lo que estamos celebrando este tercer domingo de Adviento, domingo Gaudete (alegraos, regocijaos), domingo de alegría y gozo. Nuestro corazón empieza a ponerse contento ante la inminente venida de Jesús esta Navidad.
El evangelio de este domingo, en clave joánica, nos sitúa de nuevo ante la figura de Juan Bautista. Junto a él, entran en escena unos personajes que, a lo largo del relato evangélico, serán adversarios de Jesús: sacerdotes, levitas y fariseos. Estos le hacen dos preguntas a Juan: ¿Quién eres tú? ¿Qué dices de ti mismo? A la primera, el Bautista va a ir respondiendo mediante negativas: «No soy el Cristo, no soy Elías, no soy el profeta»; a la segunda, invitando a sus interlocutores a mirar lo que realiza: «yo soy voz del que clama en el desierto», «yo bautizo con agua». Al igual que Juan, nosotros y nosotras también nos vemos interpelados por esas cuestiones. Responder a ellas será una buena tarea para preparar el camino al Señor, que ya se acerca. Sólo desde mi identidad, con mis luces y mis sombras, puedo abrirme al Señor de la Vida que ya casi está llegando a la mía. Cuanto más avance la hora, más felices nos sentiremos.
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